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Ya estaban tardando

por Jandro Olmo
3 min. de lectura

Y digo yo que… no, las escaleras no, que ya estaban tardando, digo, en dejar su evacuación, presuntamente artística, en el mobiliario urbano los pintores ávidos de paredes limpias, cristaleras relucientes y material recién estrenado para acometer el narcisista empleo de estampar su firma.

Esto ha ocurrido ya en la fachada de la flamante estación de autobuses de Lleida inaugurada el pasado mes de febrero y en cuyas vigas metálicas verticales que se integran en las escaleras de acceso al barrio de Pardinyes, que entraron en servicio a finales de marzo, ya pueden “admirarse” las firmas escritas en no se sabe qué idioma y de quien tampoco se sabe nada. Aunque es posible que sí, que el universo de los calígrafos urbanos pueda distinguir a fulano o a mengano como el autor/es de tan enrevesados autógrafos.

Ya estaban tardando
La escalera de acceso al barrio de Pardinyes recientemente estrenada

Líbreme a universalidad intelectual y artística de menospreciar el arte urbano. Todo lo contrario. Mi respeto por las valiosas creaciones que decoran paredes y edificios y que asombran a viandantes por su originalidad y belleza. También puedo admitir que estos dos últimos conceptos contengan interpretaciones distintas para según quién. “Todo es según el color del cristal con qué se mira” dicen, ¿verdad? Pero ensuciar por ensuciar tiene, para mí, poca variedad interpretativa.

Y es que considero que las vigas de la estación de autobuses se han ensuciado con estos grafitis que identificarán o no a determinados grafiteros/as, pero que no rubrican ninguna de sus presuntas obras junto al trazado pintado de su identidad.

El arte en el mobiliario urbano, la aparición de los grafitis, se remonta a mediados del pasado Siglo. Entre los años 60 y 70 se inició un proceso ligado a la contracultura y a las protestas sociales que, posteriormente, en los 90, crecería como movimiento ya consolidado y que ha evolucionado hasta nuestros días ajustándose a la propia evolución de la sociedad. El carácter reivindicativo y anónimo que exigía la época ha ido derivando en expresiones artísticas de gran mérito, sin que por ello la reivindicación de valores y derechos a los que debemos permanecer atentos, haya dejado de ejercerse.

Ya estaban tardando
La Nena Wapa Wapa

En el ámbito nacional se reconocen artistas considerados figuras del grafiti. Es el caso de “La Nena Wapa Wapa”, “Okuda San Miguel” o de uno de los pioneros en este arte, “Suso 33” cuya obra, a medio camino entre la pintura, la performance y la escenografía, ha contribuido a redefinir los límites del arte urbano en España y fuera de ella. En las referencias del grafiteo no puede obviarse tampoco el nombre de Juan Carlos Argüello, (1965-1995) que firmaba como “Muelle” cuyo característico trazo en espiral con firma se convirtió en símbolo de la cultura callejera durante la “movida madrileña”, marcando un antes y un después en el arte urbano nacional.

Ya estaban tardando
Okuda San Miguel

Muy cerca de la ciudad, en Penelles se entendió muy bien el fenómeno y su aplicación. El hecho artístico que puede contemplarse en este municipio de La Noguera demuestra que el grafiti y el arte urbano no son simples firmas o trazos que ensucian el mobiliario urbano, sino una forma de expresión artística contemporánea.

A través de iniciativas como el Gargar Festival de Murals i d’Art Rural, artistas de distintos lugares intervienen el espacio público con obras planificadas, de gran calidad técnica y con contenido cultural y social. Estos murales transforman el entorno, embellecen el paisaje urbano y generan identidad colectiva, alejándose del vandalismo para convertirse en arte accesible a toda la ciudadanía. Por tanto, el grafiti, cuando se desarrolla en este contexto, debe ser reconocido como una disciplina artística legítima, capaz de aportar valor cultural, social y estético.

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Oriol Arumí

Aquí, en Lleida son bastantes los edificios que exhiben hermosos murales de artistas de renombre, como Oriol Arumí, Lidia Cao y otros que ponen de relieve también que se han realizado acciones en edificios dentro de proyectos institucionales, demostrando que el grafiti puede ser una forma de arte urbano de calidad y no solo una intervención vandálica.

Temo, de verdad por las, de momento, impolutas cristaleras de las escaleras de acceso a la pasarela de Pardinyes. No sé cuanto tiempo les quedan para permanecer como están.

A ellas y a la ciudadanía. Que nos ha costado una pasta.

2 comentarios

Víctor Arnó 14/04/2026 - 09:20

No puedo estar más de acuerdo contigo, amigo Jandro. Como amante del arte, disfruto como el que más cuando en plena calle se nos obsequia la mente con magníficas obras, muchas veces anónimas.

En cambio estás firmas o “tags” en su argot habitual, solo contribuyen a degradar la imagen de nuestras ciudades con su suciedad, comparable a la de los excrementos que, los propietarios de algunas mascotas, dejan por las calles de nuestras ciudades a modo de obsequios envenenados.

Un gran artículo. Gracias por compartirlo.

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Ana Borreguero 14/04/2026 - 11:50

Yo también estoy más que de acuerdo contigo.
El placer que representa ver auténticas obras de arte en paredes antes vacias y generalmente sucias y degradadas, sólo es comparable a la rabia e indignación que producen esas pintadas de “letras” sin ningún objetivo estético.
Me preguntó qué sensación debe originar a sus autores. La transgresión? La impunidad? Hacer una gracia difícilmente entendible? Lo cierto es que ver que en cuanto se acaba una obra (y en este caso una obra muy bien ejecutada y que hacía mucha falta), al cabo de pocos días se ve ensuciada por estas manifestaciones de sociedad incívica, hace que no podamos tener una esperanza respecto a un futuro mejor. No avanzamos.

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