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La noche oscura del alma

por Jandro Olmo
4 min. de lectura

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

La casa sosegada

Únicamente cuando todo está calmado, cuando el ego está combatido, las pasiones vencidas y los sentidos bajo control, es cuando el alma se halla dispuesta a emprender el camino hacia la regeneración, hacia la luz. Según San Juan de la Cruz hacia Dios. El poeta místico del Renacimiento es considerado, junto con Santa Teresa de Jesús, autor por excelencia de la mística experimental cristiana. Nacido en el municipio abulense de Fontiveros, en 1542, falleció en el jienense de Úbeda, en 1591.

San Juan de la Cruz nos deja para el goce de la poesía y de la espiritualidad sendas estrofas compuestas en liras, una de las más elegantes de la poesía espiritual del Siglo de Oro español. Su elección no es casual, pues en la lira se permite la alternancia de versos cortos y largos que crean un ritmo íntimo y musical y en la que pueden expresarse emociones sin perder armonía. La noche oscura es una bella historia de amor en la que el alma es la protagonista, enamorada del Creador, y en la que el poeta consigue unir la misma delicadeza e intensidad que se evidencian en las dimensiones humanas y divinas, utilizando el mismo lenguaje de las primeras para llegar a las segundas.

Poco tiene que ver, a mi juicio, la semántica a la hora de situar en el origen de la vida a una figura o a otra. Lo importante es acercarse a él intentando comprender quienes somos, de donde venimos, hacia donde vamos y la responsabilidad de todo lo que somos y vemos. En esa búsqueda es preciso adentrarse en la noche oscura y viajar hacia nuestro interior para descubrir todo aquello que no nos gusta y que, a pesar de ello, mantenemos al amanecer. Sólo es posible acerarse desde la mas profunda sinceridad, ni que sea a intervalos.

En voz femenina

Me llamó la atención al descubrir el poema (confieso que, a mis años, un poco tarde, la verdad) que San Juan de la Cruz reflexiona en voz femenina, lo que pudiera parecer una contradicción siendo otro el género del autor. No obstante tras una lectura “sosegada” aparece la voz poética femenina que corresponde al alma con toda la intención del místico que toma como referencia el simbolismo del Cantar de los Cantares, obra del Antiguo Testamento en la que los amantes se encuentran en plena armonía y declaman su intimidad. San Juan de la Cruz no le confiere al alma sexo alguno, simplemente se apoya en la tradición bíblica en la que Dios es el esposo y el alma individual es la esposa. De hecho, en el Nuevo Testamento, San Pablo llama a la Iglesia la “Esposa de Cristo”. San Juan aplica ese mismo lenguaje a cada alma.

Escuché fascinado la rapsodia del poema al no menos admirado actor, Lluís Homar, en un programa de televisión. Fue a partir de ello que me cautivó el poema y, a fuerza de releerlo descubres en él maravillosas emociones literarias que llenan el espacio de espiritualidad, eso que corresponde tanto a la intimidad personal y que nada tiene que ver con el dogmatismo religioso y colectivo. Interesante resulta también la visión del filósofo Carl Jung sobre el despertar espiritual que tiene lugar al acceder a esa noche oscura en la que, viajando interiormente, entre otras batallas se libra la que debe conducir a la destrucción del ego. Es otra Liga que también puede jugarse.

De modo que anotemos algunos detalles dignos de reparar en ellos mientras nos adentramos en el poema. La noche oscura posee una luz interior que aparece en uno de los versos centrales “sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía” En la oscuridad también se encuentra la luz: “¡Oh noche amable más que la alborada

La última estrofa expresa la culminación del itinerario espiritual: “Quedéme y olvidéme…” El “olvido” no es pérdida de conciencia, sino el abandono del ego. El alma deja de estar centrada en sí misma y descansa en el Creador. San Juan, sin duda la hace reposar en Dios. Las “azucenas” simbolizan la pureza, la paz y la plenitud de esa unión.

Una visión, no la única.

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